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Cada época del
año la bajada ofrecerá diferentes sensaciones
y olores. Siempre, la sensación de libertad, de sentir,
de vivir; a veces olor a madreselva, a la flor de la escoba,
del durillo, al espino blanco, a vendimia; muchas veces el
penetrante olor de las jaras.
La vía procedente de la ciudad de Salamanca,
proporciona algunos de los mejores miradores de altura del
núcleo de San Esteban.
El rojo de los tejados y el blanco y ocre de las fachadas
destacan entre los verdes del paisaje circundante. Avistado
a distancia se contempla un apiñado y romboidal caserío
que se expande en cuesta desde los vértices inferiores
de La Iglesia y La Roza-Santía hasta los vértices
superiores de Las Escuelas y La Ermita. Pocas edificaciones
quedan fuera del marco trazado.
Quien acceda desde Guijuelo tendrá ante sí paisajes
de ensueño de la hundida fosa del Alagón y del
almenado cíngulo montañoso del Sistema Central.
La siempre señera Peña de Francia cierra el
horizonte mientras el núcleo de San Esteban apenas
es perceptible entre los viñedos y la densa floresta.
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