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En invierno, cuando al perennifolio verde
de encinas, olivos y matorral de jaras se superponen los grises
del granito, robles y castaños y cuando la cercana y elevada
Sierra de Béjar nos muestra su veste blanca , la Navidad,
las Aguedas y San Albino, las matanzas..... son un magnífico
reclamo para la visita. Nuégados navideños, perrunillas y
el omnipresente anisete se convierten en un delicioso acompañamiento
festivo.
La multicolor y perfumada primavera, precoz respecto a las
tierras del llano salmantino, se teñirá de aire
religioso y disfrute profano por Semana Santa y San Isidro.
No faltarán los más singulares de los hornazos,
los pestiños y la tradición de la limonada la
tarde de Jueves Santo.
En un paisaje de verdes y agostados tonos pajizos, el verano
se presenta animado al olor de carnes a la brasa y vinos de
pitarra en las bodegas. Por San Esteban de agosto y el Cristo
de septiembre se dan cita las fiestas principales, los convites,
las alboradas y los toros.
Cuando llega el otoño y los viñedos y bosques
se cubren de rojos, amarillos y ocres, los trabajos de vendimia
exigen dedicación y esmero para lograr los prestigiosos
vinos del Tiriñuelo y de cada vecino en particular.
Castañas, setas y otros frutos del bosque servirán
de deleite al paladar al tiempo que se sazonan las primeras
aceitunas verdes.
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