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Entre las rocas, esqueleto estructural, el
hombre ha creado innumerables campos artificiales a base de
aterrazar las laderas desde las orillas fluviales hasta los
puntos más elevados. Un sinfin de paredones que sujetan
tierra y cultivos han permitido sacar fruto históricamente
a un medio difícil que ha tenido la mano del hombre
como artífice principal de tan especial fisonomía.
Donde la dificultad de domeñar la naturaleza fue mayor
surgen dispersos bosques naturales, repoblaciones y densos
matorrales. Una vieja red de caminos de herradura comunica
las pequeñas explotaciones del policultivo serrano.
En esta tierra, la trilogía mediterránea junto
a los frutales, los pequeños huertos y la ganadería
extensiva fueron fundamento de la economía campesina.
A principios del siglo XXI, tras el proceso
migratorio de la segunda mitad del XX y la búsqueda
de otras alternativas económicas, el espacio del primitivo
jardín ha menguado. Seculares bancales, olivos centenarios
y resecas vides sufren la invasión de un nuevo y agresivo
paisaje de bosque y matorral, dueño ya de la más
abrupta orografía.
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